Ingresar en una residencia es un cambio importante en la vida de cualquier persona mayor. Para muchos, supone dejar atrás su hogar de siempre, cambiar sus rutinas, sus espacios y, en algunos casos, vivir por primera vez en comunidad. Es un proceso que puede generar incertidumbre, emociones encontradas y, en ocasiones, miedo o tristeza. En Serager, comprendemos profundamente lo que significa este paso y por eso hemos desarrollado un enfoque centrado en la persona, que cuida y acompaña cada fase de la adaptación de forma individualizada, cálida y progresiva.

Acompañar con empatía desde el primer momento

El primer contacto con la residencia suele comenzar mucho antes del ingreso. Ya en las visitas informativas previas, nuestro equipo se implica para escuchar, comprender las necesidades del futuro residente y resolver las dudas de su familia. Durante esas visitas no solo mostramos nuestras instalaciones y explicamos nuestros servicios, sino que también nos interesamos por la historia de vida de la persona, sus hábitos, su situación de salud y sus inquietudes. Este conocimiento nos permite preparar la acogida de forma personalizada y anticiparnos a posibles dificultades.

El día del ingreso: claves para una bienvenida cálida

El primer día es fundamental para generar una primera impresión positiva. Por eso, en Serager cuidamos cada detalle. Cuando llega un nuevo residente, lo recibimos con calma, sin prisas, permitiéndole explorar el entorno, conocer al personal y familiarizarse con su habitación. El equipo de auxiliares, enfermería, trabajo social y animación sociocultural se presenta y se asegura de que la persona tenga todo lo necesario para comenzar esta nueva etapa con confianza.

Además, fomentamos que ese primer día no sea vivido como una ruptura abrupta. Siempre que sea posible, animamos a que un familiar o persona de referencia lo acompañe durante las primeras horas. También preparamos pequeños detalles, como colocar fotos familiares en la habitación, objetos personales o elementos que le resulten reconocibles y que refuercen la sensación de hogar.

Una atención personalizada desde el inicio

Durante los primeros días, nuestro equipo observa y acompaña de cerca al nuevo residente para identificar su nivel de autonomía, sus preferencias y su estado emocional. Se le ofrece una rutina flexible que combine momentos de tranquilidad con actividades sencillas de integración. La clave es respetar su ritmo de adaptación, sin forzar su participación ni dejarlo solo en exceso.

El trabajo del equipo de atención directa es clave. Nuestras auxiliares se encargan de establecer un vínculo basado en la confianza, la paciencia y la escucha. También el personal de enfermería y medicina hace un seguimiento cercano para asegurar que la adaptación física y de salud se produce con normalidad.

La figura del profesional de referencia

Uno de los recursos que empleamos para mejorar la adaptación es asignar un profesional de referencia a cada nuevo residente. Esta persona, que puede ser una auxiliar o una técnico del equipo de atención directa, se convierte en su figura de apoyo en los primeros días. Es quien le explica el funcionamiento del centro, le acompaña a las actividades, le presenta a otros compañeros y está atenta a cualquier necesidad emocional o práctica.

Este acompañamiento crea un vínculo de confianza que permite a la persona sentirse más segura y menos sola. Poco a poco, ese apoyo inicial se transforma en una relación de cercanía que se integra dentro del día a día.

El papel del grupo y las actividades de integración

Sabemos que la adaptación no es solo individual, sino también grupal. Por eso, organizamos actividades específicas pensadas para facilitar la socialización con otros residentes. Desde desayunos en pequeños grupos hasta talleres creativos, juegos de presentación o paseos, ofrecemos contextos seguros y agradables donde pueda establecer sus primeros lazos sociales.

Además, el equipo de animación sociocultural realiza dinámicas de reminiscencia y conversación para ayudar al residente a expresarse, compartir su historia y conectar con los demás desde lo emocional. La convivencia con personas en situaciones similares favorece la identificación, la empatía y el sentimiento de pertenencia.

Implicación de la familia en el proceso

En Serager, creemos que la familia es una parte esencial del proceso de adaptación. Por eso, fomentamos su participación activa en las primeras semanas. A través de reuniones con el equipo, llamadas de seguimiento y visitas programadas, mantenemos una comunicación fluida que permite compartir información y resolver dudas.

También ofrecemos pautas y consejos a los familiares para acompañar emocionalmente al residente: cómo hablar sobre el cambio, qué temas evitar, cómo motivar sin presionar y cómo reforzar los aspectos positivos de la nueva etapa. Esta alianza familia-residencia es clave para generar seguridad y continuidad afectiva.

Adaptación continua, más allá del primer mes

La adaptación no se produce en un solo día. Es un proceso que puede durar semanas o incluso meses, dependiendo de la persona. Por eso, hacemos un seguimiento continuo con evaluaciones periódicas y reuniones del equipo interdisciplinar para valorar cómo se encuentra el residente y qué ajustes pueden hacerse.

También permanecemos atentos a señales de tristeza, aislamiento o desorientación, y en esos casos intervenimos de forma coordinada desde los distintos ámbitos: psicológico, social, médico y emocional.

Un cambio que se transforma en oportunidad

Ingresar en una residencia puede ser, al principio, un reto. Pero cuando el proceso de adaptación se acompaña con respeto, paciencia y cariño, se convierte en una oportunidad de mejora: mejora en los cuidados, en la calidad de vida, en la compañía y en la tranquilidad del residente y su familia.

En Serager, ponemos todos nuestros recursos humanos y materiales al servicio de este objetivo: que cada persona que llega a nuestra casa sienta que no pierde nada, sino que gana

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